lunes, 13 de enero de 2014

45 (La vida de Alberto Tamal según Wikistrato)


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La vida de Alberto Tamal según Wikistrato

Su género de vida y su lenguaje sentencioso y oscuro hicieron tal impresión que no tardó en verse rodeado de numerosos discípulos. Se dice que fue admirado por los posthermeneutas de la India, los etnometodólogos de Persia, y los patanes en todo el orbe posmoderno. En Berlín, en Ciudad Rodrigo, y en ciertas poblaciones del Valle de Arán, Tamal apareció como preceptor del ganado humano, visitando los mataderos, corrigiendo las costumbres, por ejemplo la ingesta maquinal de alimentos y el ayuntamiento carnal en todas sus infinitas permutaciones, y predicando la reforma de todos los abusos estilísticos.

Quiso ser admitido en la Universidad de Alcalá, mas fue tratado como mal poeta y micro-narrador y se le prohibió la entrada en ella. Este interdicto no le fue levantado sino cuando ya estaba en los últimos días de su corta vida. En Moscú, a donde según su expresión había ido para ver "qué especie de animal era un icono gay", condenó el uso de papel higiénico. También se dice que hizo milagros. Al pasar delante de él el féretro conteniendo los restos mortales de la Novela, se acercó a ella, pronunció algunas palabras místicas y la Novela se levantó y se fue caminando hacia la casa de sus padres. Las grandes editoriales le ofrecieron una crecida suma, pero él la aceptó solo para llenarse los bolsillos delanteros. Un día, encontró una multitud que aterrada miraba un partido de fútbol en medio de una fuerte tormenta. Alberto Tamal miró al cielo y dijo en tono profético: "Algo grande sucederá y no sucederá". Tres días después un huevo de Fabergé fue descubierto en un gallinero a las afueras de Dallas. El pueblo creyó ver en aquel incidente el cumplimiento de la profecía del Tamal.

Maximiliano I, que le había conocido en Veracruz, le miraba como hombre divino y le pedía consejo. Desterrado después por el mismo Emperador, murió al poco tiempo, lo cual no fue obstáculo para que a su muerte se le erigieran estatuas y se le ofrendaran palíndromos. Vicente Luis Mora, Isaac Rosa y Eloy Tizón pretenden poseer sus cenizas, y DF, que le dedicó un templo, obtuvo en memoria suya el título de capital cultural de Dalmacia, lo que le daba el derecho de elegir a sus propios poetas en lengua serbocroata.

Hipódromo asegura que la canciller Angela Merkel tenía en su oratorio entre los retratos de Jesús, von Hindenburg y Carapalo, el de Alberto; Ventisco, en su Vida de Alberto, que hace de él grandes elogios, dice que debe honrársele como micro-ser superior.

Hasta el siglo XXV, la reputación de Tamal se mantuvo viva aun entre los realistas ingenuos.

 

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Transcripción de la partida, en notación algebraica, jugada ente el “Gran Turco” y Napoleón en 1809. Napoleón juega con blancas[1]. (1) 

  1. e4 e5
  2. Qf3 Nc6
  3. Bc4 Nf6
  4. Ne2 Bc5
  5. a3 d6
  6. O-O Bg4
  7. Qd3 Nh5
  8. h3 Bxe2
  9. Qxe2 Nf4
  10. Qe1 Nd4
  11. Bb3 Nxh3+
  12. Kh2 Qh4
  13. g3 Nf3+
  14. Kg2 Nxe1+
  15. Rxe1 Qg4
  16. d3 Bxf2
  17. Rh1 Qxg3+
  18. Kf1 Bd4
  19. Ke2 Qg2+
  20. Kd1 Qxh1+
  21. Kd2 Qg2+
  22. Ke1 Ng1
  23. Nc3 Bxc3+
  24. bxc3 Qe2# 0–1

 

 


[1] Esta irrespetuosa transcripción de la derrota napoleónica destila todo el encanto poético de una colitis aguda en una noche de bodas. Pero si la animadversión de Mansalva contra los grandes hombres, sean estos filósofos, poetas postpoéticos, o un notorio campeón de la Libertad como Napoleón, nos es de sobra conocida, no estará de más que centremos nuestra atención en una pieza clave de su estrategia paródica: el enano. Según un cronista contemporáneo “el Turco” habría sido una “farsa que simulaba ser un autómata que jugaba al ajedrez.  Fue construido y revelado por Wolfgang von Kempelen en 1769. La cabina tenía puertas que una vez abiertas mostraban un mecanismo de relojería. Sin embargo, la cabina era una ilusión óptica bien planteada que permitía a un pequeño maestro del ajedrez esconderse en su interior y operar el maniquí”.
 El enano se erigiría de este modo, en el instrumento elegido por Mansalva para privar a la derrota de Napoleón de todo vestigio de dignidad.
La elección del enano nos revela a su vez una fractura insalvable entre dos formas diametralmente opuestas de entender el mundo.
La posición mansalviana, o realista ingenua, podría ser resumida en estos términos: “la explicación inteligente de todo fenómeno natural pasa por una causa inteligente”, sea ésta un espíritu, un duende, un enano, o el mismo dios. Un ocasionalismo de consumo popular. Quizás el ejemplo más conocido de esta tendencia en nuestra época lo constituyen los “hombrecillos verdes” a los que los conspiranoicos pretenden atribuir los honrados avistamientos de prototipos voladores en las inmediaciones de Roswell.
Frente a esta cornucopia de supersticiones y prejuicios cognitivos – ya rechazados en su momento por Napoleón – nos encontramos con la posición mallista, o posmoderna. Sin llegar a los extremos del padre Fuente la Peña que en su Ente Dilucidado negaba la existencia de enanos, se trataría ahora de defender un nuevo paradigma: la “unidad funcional e irreducible” entre los diferentes actores involucrados en el funcionamiento del “Turco”; el inventor, el maniquí y el operario agazapado en el interior. Napoleón eligió creer que no era engañado por un enano. Haremos bien en seguir su ejemplo.
 

59 (Sinopsis de Chirigota Fainberg)




 

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Sinopsis de Chirigota Fainberg[1]
Dos granujas que sólo tienen en común la nacionalidad y que no volverán a verse nunca mantienen un encuentro fortuito en las letrinas del aeropuerto de Lagos.

Uno de ellos es Fernando, un profesor de ética que se dirige a Estocolmo a dar una conferencia de Premiología Analítica[2], a quien Antonio, ambicioso escritor que espera vuelo al Corazón de las Tinieblas, cuenta una edificante historia que vivió en un jurado literario.

Una novela que no tiene otro público que todos aquellos que aún creen en Melchor, Gaspar y Baltasar.



[1] Chirigota Fainberg ya había sido descrita con toda la sutileza y destreza verbal a la que nos tiene acostumbrados nuestro “genial” parodiador como “emboinada y cejijunta… Molinillo Moñíguez ha vuelto a hacer las delicias del casino de su pueblo con esta comedia inequívocamente urbana… escrita bajo el signo del arado…”
 
[2] Entre las numerosas contribuciones realizadas por Fernando Savater al desarrollo de la Premiología en nuestro país no queremos omitir hacer mención de las siguientes: Ética para un Chorizo, en la que el filósofo, tras arremeter contra el espíritu adolescente y voluntarista del Mayo de 1968 (“Sed realistas, exigid lo imposible”) defiende la Corrupción en el ámbito editorial como una ”meritocracia a regañadientes” sustentado por los frágiles equilibrios de la Transición; Epístola de Séneca a los Corruptos, donde recalca la importancia de no escandalizar al pueblo llano con inoportunas declaraciones hechas para servir un moralismo huero y poco solidario. “En esta vida…”, señala el intelectual con típica picardía volteriana, “se puede ser cualquier cosa excepto un coñazo, consérvate corrupto”; en Amaños, Apaños y Engaños, ¿Dónde está el Daño? el eminente catedrático del Bien desguaza las inconsistencias lógicas más habituales en los argumentos anti Corrupción (“No podemos hablar abiertamente de lo que no podemos hablar abiertamente sin incurrir en algún tipo de contradicción”); Miscelánea Quinqui, escrita en colaboración con Diantres Asco, es la obra que ayudará a establecer la Premiología como una disciplina independiente. En ella se presenta una lectura rawlsiana de la Corrupción en el mundillo editorial que tiene como colofón la “necesidad de mantener el velo de ignorancia del lector en permanente estado de alerta”; y finalmente, la monumental Ética del Olvido, con su impagable rapapolvo a la moral kantiana (“los imperativos categóricos, en la Iglesia”). “Si hemos de lograr el objetivo de la reconciliación nacional”, nos advierte el Pitágoras español, “debemos olvidarnos no solo de lo sucedido, sino de lo que sucede y aun de lo que va a suceder. Solo así podrá nuestro olvido calificarse de perfecto”.
 

63 (Vida del inventor Torres Quevedo)


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Vida del inventor español Torres Quevedo según Fernando Caro-Baroja del Pulgar[1].

Nacimiento, desarrollo y apoteosis

A muchos biógrafos les llama la atención que su madre decidiera regresar a las Hurdes – tras los grandes estragos que durante su juventud realizara Luis Buñuel en aquella famosa región - para dar a luz a su segundo hijo. Las razones aludidas para que el acontecimiento ocurriese en aquel bárbaro país – tan representativo de lo español - son peregrinas. Entre ellas hay explicaciones gastronómicas de naturaleza tan frágil como pensar que la madre quisiera que su familia, llegado el momento, compartiese su placenta, o la dada por un hijo del inventor que lo achacaba a la pereza extremada de los tocólogos pacenses. Otros han hecho alusión a la locura de la madre a la que en repetidas ocasiones tuvo que impedírsele que exhibiera su redondez al bajo clero como si de una deformidad se tratara.

Así fue como años más tarde entre grandes dolores se inició la gestación de la máquina calculadora, el primer puente eléctrico y -mientras sus colegas americanos y británicos competían por inventar el televisor - el mando a distancia.



En 1912 construye El Ajedrecista. A diferencia de “El Turco” no jugaba de manera muy precisa y no siempre llegaba al mate en el número mínimo de movimientos. Pero sí que logró la victoria en un puñado de ocasiones. En su tiempo, esto fue considerado como un suceso extraordinario en el curso de la producción científica española.

  



[1] Nos enfrentamos en esta ocasión con una antojadiza soflama dirigida al siempre precario estado de la ciencia española. Haría bien Mansalva en recordar que el “inventen ellos” – confusamente atribuido aquí a los nocillos - ha visto su sentido radicalmente alterado a la luz de la fuga de cerebros que en la actualidad azota a nuestro país.
 

78 (LA NACIÓN 12/05/1989)


78
LA NACIÓN 12/05/1989
 
Molinillo Moñíguez acepta el premio Pretoria criticando ‘los estereotipos’
 
“Piden el boicot para Sudáfrica en su conjunto, como país, y sostienen que si yo acepto la invitación, eso implica que apruebo la política del Gobierno sudafricano hacia los negros; todo esto me parece desmedido y, como estilista, me está afectando un montón: incluso he recibido mensajes críticos – todos de un cariz ruin y desagradable, tan propio de todos ellos - hacia mí y mi mujer, esto es increíble”. Tras la satisfacción inicial por el reconocimiento recibido, el Premio de Literatura Pretoria le está costando un disgusto personal a Antonio Molinillo Moñíguez.
 
Ayer, numerosos intelectuales pedían por carta al autor de Chirigota Fainberg y miembro de la RAE que cancelara su próximo viaje a Sudáfrica con motivo de la aceptación del galardón, que le fue concedido en enero por la Feria Internacional del Libro de Pretoria.
 
Según ellos, la presencia de Molinillo Moñíguez en el acto de entrega del premio constituiría un aval a la política del Gobierno sudafricano en relación al apartheid.
 
Antonio Molinillo Moñíguez, en conversación telefónica desde Palencia, donde imparte clases en la Famous Palencia International University, ha confirmado a LA NACIÓN que el próximo domingo estará en Pretoria para recoger el premio de las blancas manos del presidente sudafricano, FW Botha, conocido por su voluntad aperturista y que recientemente ha mostrado su disposición a entrevistarse con el terrorista convicto Nelson Mandela.
 
“La comunidad blanca sudafricana es muy plural – sirva como muestra las dos Guerras de los Bóeres. Sudáfrica es un país diverso donde, que yo sepa, de la misma forma que hay gente muy reaccionaria y racista, hay mucha gente muy crítica con el apartheid. Es un lugar donde se da un debate cultural y político intensísimo”, ha comentado Molinillo Moñíguez.
 
“En cualquier caso, explicar por qué acepto un premio me parece una descortesía hacia quienes han tenido la generosidad de concedérmelo.
No acepto ni he aceptado nunca las simplificaciones y los estereotipos sobre Sudáfrica que se difunden con tanto éxito en Europa, y particularmente en España, donde tan amigos somos de las diatribas binarias: blanco o negro, bueno y mano, derecha e izquierda, etc.”
“Incluso a veces no viene mal, aparte de convertir a los sudafricanos en un bloque compacto y malvado, confundir sudafricano y negro. Al fin y al cabo estamos en un país donde hay pocos negros y donde los pocos que hay procuran no hacerse muy visibles, y donde la ignorancia, aun la que carece de mala intención, puede ser alarmante. Más de una vez, en Nueva York, un visitante de España me ha preguntado cómo se va a “la calle de los negros”. Se refieren a ese tramo de Harlem donde se trapichea con droga con el relativo beneplácito de la policía. Mi mujer o yo les explicamos que casi todas las calles, más o menos, son calles de los negros, porque Nueva York está llena de ellos, y que casi en todas es posible adquirir el nefasto repertorio de potenciadores vitales, pero que a la mayor parte no se les nota, igual que a los españoles no suele notársenos. Pero para mucha gente en España un negro es un pandillero con gorra de beisbol y chándal fluorescente, pistola y los suficientes accesorios áuricos para armar un segundo sol. Pero la realidad es mucho más compleja”.
“A veces, casi siempre contra su voluntad, un escritor puede convertirse en un símbolo, incluso un síntoma: el canario en la mina que sin proponérselo advierte a otros de la cercanía de una crisis política, pero yo no pienso ir a Sudáfrica a criticar la segregación racial o dispensar una pócima democrática”, ha apostillado el popular autor cómico.

80 ("Si Lou Reed ha muerto, todo está permitido")


80

“Si Lou Reed ha muerto, todo está permitido”.

Quienes frecuentan el Rastro, las almonedas o los mercadillos saben que la realidad gusta de componer caprichos inauditos. Una simple búsqueda en google me revela que el libro en cuestión (cuyo título, El incandescente regalo, se completa con todo lo que sigue, inquietante: "Una historia tradicional, y a la postre liberadora, de ninfómanas, negros superdotados y rubias tragasables”), atrajo en su momento esta caprichosa homilía de Miguel Espigado: “Cada obra suya tendrá que rendir cuentas ante sus propias reivindicaciones, que van más allá de una típica labor crítica, y casi forman un imaginario, una metaficción sobre una literatura posible”.

El nombre del autor es un tal Manolo de las Niñas, apenas recordado hoy excepto por este curioso ripio: De entre las fanegas le vi salir con ojos ambos/ Escriturando autógrafos ibas, a zurdos y entrambos. Ya en Ask Jeeves de las Niñas se nos revela como un “prostático poeta, imbuido de los turbios ideales del lacanismo, y dotado siempre de una exquisita educación sentimental”.

A raíz de la publicación de El incandescente regalo Manolo de las Niñas habría sido acreditado con “una intención claramente pedagógica… la importancia de inculcar a la sección femenina de nuestra sociedad o, por no sustraernos del prestigioso arcaísmo de una época más políticamente correcta que la actual, a las personas visibilizadas como mujeres, de inculcar, decía, un poderoso e irrevocable complejo de Garganta Profunda”.

En el lado negativo de las Niñas ha sido acusado de promover “la donosa sumisión de una entera generación de mujeres a los tejemanejes retóricos de la ironía posfeminista… abocadas a sobrellevar un guion vital para ellas, pero no de ellas”. 

81 (Constantes físicas del postuniverso)


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CONSTANTES FÍSICAS DEL POSTUNIVERSO[1]

Velocidad de la Luz, c = -299792458 m/s[2]

Constante de Plank, h = 6.62606876 10-34 J s

Constante de la Gravitación, G = 6.673 10-11 m3/(kg s2)

Masa del Proton, mp = 1.67262158 10-27 Kg

Constante de los gases, R = 8.314472 J m / mol

Radio clásico del electrón, re = 2.817940285 10-12 m

Ley de desplazamiento de Wien, b = 2.8977686 10-3 m K


[1] Postuniverso: Una confusa tentativa de calzar el antirrealismo estético de los nocillos con los pies de barro del antirrealismo filosófico. No obstante, no deja de ser sorprendente el ensañamiento de Redondo con un capítulo redactado, según la propia confesión del Dr. Mallo, por un afán más informativo que lírico. Recogemos el precioso testimonio que en estilo reseñil ha hecho Elvira Navarro del capítulo original – y por tanto cronológicamente posterior - de Nocilla Dream: “Una cartografía sentimental del universo… y un apretón de manos con el lector… en absoluto un mero vertido de fórmulas, ciertamente no un manual científico al uso… su intención es trasladar al lector las claves, el asombro, la duda y los alcances de su dudoso aprendizaje… Mallo… sugestivo, sonoro y soporífico ornamento de las ciencias físicas… y otro apretón de manos.”
 
[2] Huelga decir que la velocidad de la luz no posee un valor negativo. Javier Calvo ha creído encontrar en esta infructuosa toma de rehenes (“…el puto universo no merece ser parodiado…”) el punto omega de “la historia universal de la envidia cochina”.  Germán Sierra ha llamado la atención acerca de las consecuencias que se derivarían de un cambio en el signo de C. Como es bien conocido, el Sol se encuentra a poco más de 8 minutos luz de la Tierra, lo que quiere decir que cuando lo miramos, vemos como era hace 8 minutos. ¿Qué sucedería si el valor de C pasara a ser negativo? Según Sierra, pasaríamos a ver el Sol no como fue sino como será en 8 minutos. Llegado este punto Sierra advierte al lector de la picaresca intelectual de Mansalva; entre los resquicios de nuestra buena fe, debilitada, desfallecida casi por la inversión de C, ha comenzado a insinuarse una imagen poética irregular: El aprendiz de satirista escribiendo su malhadada parodia al dictado de estrellas brillando con la luz de futuros imposibles.